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El espíritu del niño muerto, Lo desconocido, El susto de mi vida, ¿Con quién duermen?, La dama de negro

Lo desconocido

Me llamo David, y voy a contar una cosa que nos paso a mí, y a un par de colegas míos. Esta historia no es como las demás, que solo buscan dejarte con el miedo en el cuerpo. Tenemos grabaciones en el móvil, alguna que otra foto, etc.

Esto ocurrió un fin de semana que se presentaba perfecto; discotecas, alcohol, chicas. Era viernes por la noche y mis padres no se encontraban en casa, ni lo estarían en todo el fin de semana. Estaba viendo la televisión, y poco a poco estaba acabando con mi paciencia. Decidí cojer el teléfono y llamar a un amigo, o quizás un par. Cuantos más, mejor nos lo pasaremos. Con la libertad de estar solo en casa, coji el teléfono y llame a un par de amigos, para invitarlos a pasar un fin de semana en mi casa. Hice cinco o seis llamadas. Tengo que decir que en dos de ellas marque un número erróneo Dos de mis mejores amigos aceptó mi invitación y vinieron a mi casa. Es una casa apartada de la ciudad. Picaron a la puerta. Decidí apagar la televisión, ya que me estaba aburriendo. Abrí la puerta y los recibí.  Pasamos todos tres juntos al comedor, y me di cuenta de que la televisión seguía encendida. Yo estaba seguro que la apague antes de recibir a mis colegas. Aun así no le di mayor importancia. Como jóvenes que somos, nos pusimos a ver la tele y beber como hacemos normalmente, aprovechando la ausencia de nuestros padres en casa. Nos lo estábamos pasando de lo mejor.  Risas, críticas a los programas que echaban por la tele etc. Pero de repente, escuchemos un fuerte golpe, venia de arriba. Toño dijo que no era nada, que el viento probablemente habría abierto una ventana mal encajada. Se hacia cada vez mas tarde, y nosotros continuábamos a lo nuestro, bebiendo, riéndonos y esas cosas. Empezaron a retransmitir un programa de efectos paranormales, la hora es indicada para que los niños no la puedan ver. Empezaron haciendo un reportaje en un cementerio. Apaguemos la tele, ya que esos temas, no nos interesaban.  ¿Porque lo quitáis?,¿Tenéis miedo o que? Vaciló Juan.
Juan era el típico estudiante, bien plantado, que se hacia el valiente cuando estaba entre amigos. Pero que todos sabían que cuando esta solo, es un rilado. Volvimos a encender la tele, para demostrar al estupido de Juan, que ese programa no nos afectaba ni la más mínima. Nada mas volver a poner el canal, pudimos ver la imagen, una sombra en un cementerio. Suponíamos que era de un reportaje. Porque no vamos nosotros a dar una vuelta al cementerio? Dijo Juan, disimulando su miedo en un gesto muy atrevido

Toño y yo al compás afirmamos esa pregunta. Cojimos ropa de abrigo, pues en una noche como esta, debíamos ir abrigados. También nos llevamos encima todo tipo de utensilios, móviles, linternas y como no una pequeña cámara digital. Salimos de casa preparados para vivir una experiencia brutal.  Me aseguré de cerrar la puerta con la llave. Nos encaminamos al cementerio de nuestro municipio, no quedaba muy lejos de mi casa. Ibamos comentando nuestras cosas, Juan iva entre Toño y yo –supongo que seria, para demostrarnos que es un valiente. Lleguemos a la puerta del cementerio. Havia una ligera brisa.  Intentemos abrir la puerta, y nos llevamos un susto. La puerta estaba oxidada, seguramente del tempo en que a estado inutilizada. Con un terrible esfuerzo, conseguimos desplazar la puerta lo suficiente como para colarnos en el cementerio. Una vez dentro, encendimos nuestras linternas, y procuramos no hacer mucho ruido. E tíos, no es bueno perturbar las almas de los difuntos dijo Juan en una voz apagada Toño y yo nos echemos a reír, y tratamos de calmarlo. Le convencimos de que no haríamos nada malo, y que no pasaría nada. Caminábamos poco a poco, alumbrando con las linternas cada centímetro que íbamos avanzando. De repente, el viento empezó a soplar con fuerza, y como es de esperar, los ramos de flores depositados en los panteones de los difuntos, hacían un ruido de lo más espantoso.
La cosa se estaba poniendo fea, teníamos mucho miedo, para que negarlo? Seguíamos avanzando, alumbrando todo lo que dejábamos atrás, mayormente tumbas. De repente algo me agarro fuertemente, y no tarde en darme la vuelta  Afortunadamente era Toño Me susurro que vio algo brillante en medio de la oscuridad, y que sentía miedo dentro del cementerio. Me lo dijo al oído, por tal de que Juan no se asustase más Lo dejamos correr, pensamos que fue una imaginación producida por el pánico. Pero poco después, sucedió lo mismo. Entonces no perdimos ni un momento y fuimos a donde afirmo ver algo brillante.

Lleguemos a un campo, de escasos metros, donde en medio havia una pequeña habitación con una tumba dentro. Teníamos mucho miedo, parecía una toma de película, pero desafortunadamente era real. Volvimos a sentir un ruido dentro de esa misteriosa sala, Juan no aguantaba más, si seguía de brazos cruzados contemplando el recinto, le podría dar un ataque al corazón. Cuando nos dimos cuenta Juan ya havia entrado en el recinto. Toño y yo no teníamos el valor que Juan venció en una décima de segundo. Estábamos nerviosos, no nos dimos cuenta de que nuestro amigo entro allí adentro. Empecemos a gritar le, en cuanto saliera de allí nos iríamos, dejaríamos el cementerio y volveríamos a mi casa. Pero Juan no respondía, la angustia se aferró de Toño y de mi no teníamos ni idea de que le pasaba a Juan Volvimos a sentir un fuerte ruido que procedía de allí adentro. Le dije a Toño que me esperase, que le podía estar pasando algo a nuestro amigo, y que yo iva a entrar. Antes de entrar le advertí que no dejara de alumbrarme con la linterna.  Me decidí, comencé a caminar hacia la obertura de la pequeña habitación, la luz de la linterna me quitaba un poco el miedo, pero no todo. Estaba a unos escasos metros de la puerta, cuando vi una sombra en el suelo. Avise a Toño, yo sabia que algo malo le pasaba a mi amigo. Entre decidido para buscar a Juan  debía estar allí, porque entro y no lo vimos salir Una vez dentro, el corazón se me acelero al ver a Toño estirado boca arriba, tenia el móvil fuertemente sujeto entre sus manos. Se lo arrebate en un gesto de impotencia y salí corriendo, Toño no tubo que preguntarme nada, se hecho a correr detrás mío.

 

SIGUIENTE